Otras leyendas

Además de la leyenda de Breogán, de Hércules y de Trezenzonio se conservan otros relatos que tienen como referente la Torre y que nos hablan de episodios épicos y mágicos, en los que la realidad y la ficción se dan la mano y que han llegado hasta nosotros de generación en generación gracias a la trasmisión del mito. Entre ellos debemos destacar:

La leyenda del espejo

Cuenta el rey Alfonso X el Sabio en su Crónica General que cuando Hércules venció a Gerión, le dio muerte y enterró su cuerpo, construyó una torre sobre su tumba. Su sobrino el rey Hispán hizo colocar en lo alto de la torre un candil y un gran espejo que permitía controlar todo el mar de manera que ningún navío podía recorrer la costa sin ser avistado desde el faro.

Según la tradición, este magnífico espejo fue destruido por los judíos que escapando de Nabucodonosor llegaron en barco a las costas coruñesas y al enterarse de la existencia de este espejo que podría descubrirlos, decidieron destruirlo. Para ello ocultaron los barcos bajo un manto de hojas y de ramas de los árboles y camuflados bajo la vegetación llevaron sus naves hasta los pies de la Torre y, una vez allí, rompieron el espejo.

La leyenda del espejo ha llegado hasta nosotros a través de distintas vías. Algunos autores vinculan al mito al de Hércules y otros al de Breogán. Estos últimos defienden que en los días claros, gracias al espejo, era posible ver con detalle las costas de Irlanda y avisar con mucha antelación de la llegada de navíos enemigos.

La leyenda de la resistencia de los soldados ante el acoso de Francis Drake

Tettamancy, en su obra La Torre de Hércules. Impresiones acerca de este antiquísimo faro bajo su aspecto histórico arqueológico, relata como entre el 5 y el 6 de mayo de 1589 el pirata inglés Francis Drake asedió la ciudad y tomó la Pescadería, pero un grupo de soldados se refugiaron en la Torre y se hicieron fuertes pero sufrieron un durísimo asedio. Éste duró nueve largos días en los que se acabaron los víveres y el agua. Poco a poco el hambre y la fatiga fueron venciendo el ánimo de los soldados, pero hubo uno que aguantó hasta el final, sin más alimento que los huevos de algunas aves que anidaban en el viejo faro.